Este texto forma parte del material que vio la luz pública durante la recordada serie de hallazgos de pelotas (HDP) en Santiago a principios de los años 80. Entre marzo de 1981 y diciembre de 1983, documentos manuscritos de diversos autores desaparecidos fueron siendo encontrados escondidos dentro de pelotas de plástico, las que eran abandonadas por desconocidos, en canchas de tierra en diferentes puntos periféricos del Gran Santiago.
El hallazgo del presente texto muestra características parecidas a las del hallazgo de la pelota que contenía las tres partes de “El amor de los curados”, que tuvo lugar un año después.
La pelota encontrada conteniendo el texto “Nuestros aliados”, presenta también signos de violencia singular, si bien menos intensa que en el caso de “El amor…”.
Aparte de una serie de piquetes que hacen pensar en algún tipo de ritual practicado sobre la pelota con un instrumento punzante, se distinguen en tres puntos equidistantes, claros signos de abrasión, practicados muy probablemente con un encendedor de cigarrillos. El papel sobre el cual se escribió -a máquina (Olympia, Monika#1)- es de mala calidad y acusa también exposición al calor en diferentes partes, a llama abierta, o a objetos incandescentes, presumiblemente brasas de cigarrillo.
Nuestros aliados
Desde aquí veo las cabezas
de quienes fueron aliados,
de quienes estuvieron armados contra
los ejércitos que nos dan batalla:
Esas cabezas de aliados,
se están alejando ahora hasta la última.
Año tras año sufrimos el bombardeo
restañamos en las treguas
nuestras heridas con alcohol de estropajos
riendo un llanto salino
unos a otros nos enseñamos fotografías opacas
y muchos intercambiaron direcciones
para morir enseguida.
¿Adivina alguien el corazón de los aliados?
Peleamos por años una guerra inconclusa,
los con más suerte quedaron muertos en el campo
otros
con los nervios destrozados para siempre;
otros
decidieron pasarse al enemigo
o jugar con el fuego del espionaje doble.
Pero la mayoría,
sólo dejó de interesarse
en dar esta batalla.
Quienes fueron mis aliados
me besan ahora con labios fríos
la frente generala
dobladas, humeantes,
las desgarradas prendas
me están entregando
caldeadas armas
a mis pies van dejando,
y yo,
que siempre fui parco, áspero de palabra;
sólo se mover la cabeza de lobo
mirar fijamente con ojos de lobo
y caminar erguido
entre las descargas de este campo minado:
¡Que no vea mi gente que no me quedan más aliados!
Atraviesa el nebuloso tren que se lleva a mis aliados
asomando pálidos a las ventanas
las cavidades de los ojos, los reconozco a todos.
Sólo que ahora están peinados.
Yo conocí a sus madres y hermanos;
Bebí con ellos el brebaje negro
que se prepara en las trincheras,
y sé que son ellos.
Sólo que ahora les han dado un nuevo uniforme
y les han predicado con éxito
la loca idea de que no hay guerra que pelear
ni ejército demente que mantener,
y que ya nadie necesita ninguna alianza.
De a uno o de a dos en cada estación
de aquí a la quebrada más picante
irán bajando indefensos
porque les han hecho renegar
porque les han hecho olvidar
al ejército aliado,
el manejo de las armas.
“Nuestros aliados” (Manuscrito encontrado en una pelota de plástico, población Santa Adriana, Lo Espejo, Santiago de Chile, 26 de agosto de 1981)
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