Todo el último libro de los evangelios redunda en el juicio, castigo y resurrección. El Apocalipsis es la historia de cómo serán los tiempos de la segunda venida de Cristo, los tiempos de la lucha entre los ángeles y el anticristo, el triunfo del cordero y el juicio y castigo de los «malos» para la llegada de la resurrección con el fin de la historia y el imperio del eterno reino de Dios: la nueva Jerusalén. Es un libro de dos polos enfrentados, de dualidades: bien-mal, ciudad de Dios-ciudad del diablo (Jerusalén-Babilonia), cristianos-infieles.
Un momento clave en esta historia, es el del pasaje 14, del 14 al 20: «La siega, la vendimia y el lagar de la ira de Dios». El momento en que según Beato, la Iglesia tendrá el poder «de hacer y deshacer», poder conferido por Cristo, a través de sus ángeles los mensajeros. La Iglesia, representada por el altar, el templo y la ciudad, dejará afuera a los injustos, mediante la siega y la vendimia: la primera separará a los buenos de los malos, la segunda castigará.
La vendimia, y sobre todo el pisado y prensado de la uva en el lagar, representarían entonces, la fase más dramática del pasaje: el castigo de los impíos, su expulsión fuera de la comunidad de los salvos, con su sangre corriendo por las cuatro partes del mundo (1600 estadios).
1. Beato Morgan
2. San Millán
3. Beato BN14-1
los vendimiadores
4. Beato de Navarra
Esto no es lo que dicen las ilustraciones. No siempre al menos, o no de manera absoluta, o bien lo dicen, agregando algo más. Veremos la muestra de algunas señales de ello. Hay que considerar cada escena en su contexto, es decir, las relaciones interescenas de una misma ilustración y una cantidad mucho mayor de variables que las que aquí podemos presentar, pero estas pocas señales marcan tendencias y rupturas y con ello podemos acercar algunas hipótesis sobre significados.
participación de ángeles en la escena
Por una parte, el aspecto de los «agricultores». ¿Son ellos siempre ángeles, hombres santos, o simples campesinos? El relato bíblico indica que es el mismo ángel que sale del templo, quien tira la hoz a la tierra y echa las uvas al lagar. En ninguno de los Beatos de nuestro corpus, aparece esta acción de manera literal. En un solo caso, el del Beato de Navarra (foto4), aparece un ángel propiamente, con alas, realizando la vendimia. Otros se acercan a esta idea, presentando a un solo vendimiador, que aunque sin alas, podría seguir representando a un ángel al conservar el resto de los atributos: nimbo y ropas «adecuadas» (túnica larga y manto); es el caso del Beato «Viejo» de la Biblioteca Nacional (foto3) y el del Escorial. El Beato del Burgo de Osma (foto5), a pesar de tener dos vendimiadores sin alas, probablemente ha representado con ellos a ángeles realizando la cosecha, pero no podemos asimilarlos al único ángel que salió del templo; la multiplicidad de vendimiadores aleja a la ilustración de la literalidad textual, aunque no necesariamente del sentido general del texto. Los Beatos de la Librería Morgan (foto1), de Silos y de Fernando, suman a la multiplicidad de operarios, un tipo de vestimenta bastante más terrena, campesina. No obstante, ellos todavía podrían ser entendidos como ángeles o enviados de Dios, pues además de llevar nimbos, son parte de una escena dotada de un tono de gravedad nada mundano. En cambio, hay otros casos en los cuales, no solamente los operarios han perdido el nimbo y las vestimentas «dignas», sino que van como simples campesinos en escenas bastante realistas, o incluso «amenas». Ejemplos de ello son los Beatos de Manchester, Lorvao, Las Huelgas (foto6), Girona y Turín. Allí encontramos una novedad respecto de las tendencias iconográficas vistas hasta ahora, no necesariamente más antiguas (Girona es casi tan viejo como Morgan), probablemente parte de una lectura diferente de la storia, o parte de algo totalmente ajeno a la relación con los textos; lo veremos luego. Por ahora intentamos establecer criterios de gruación de los diferentes códices en relación con la participación de seres angélicos o santos en la vendimia.
5. Beato de Osma
6. Beato de las Huelgas
7. Beato de Valcavado
el lugar de la vendimia
Otro elemento relevante, en este mismo sentido, es el lugar donde se realiza la acción, cómo está definido el espacio donde ocurre la vendimia. Los Beatos que utilizan franjas de colores, demarcan claramente la diferencia entre cielo y tierra, arriba el cielo de Dios y el templo y más abajo los espacios humanos: cielo humano primero, y tierra luego. En el caso de los Beatos que no tienen esas franjas delimitadoras, nos encontramos la mayoría de las veces con que estos espacios se funden. Esto ocurre especialmentee en los Beatos del Escorial y de Osma, en los cuales los ángeles -e incluso el templo, en el caso de Osma- bajan hacia el centro del folio; el «hijo del hombre» (Cristo), supervisa personalmente las cosechas sentado en su nube central a la vez que todos los ángeles convergen hacia él. Es también el caso del Beato de Navarra, que aunque tiene franjas de fondo, está enteramente rodeado por los muros y suelos de una ciudad. Podemos interpretar que esta es la ciudad nombrada en el pasaje 20 y que Beato interpreta como la Iglesia, por lo tanto estaríamos frente a una representación que ocurre enteramente en la ciudad de Dios, ya que los ángeles y el hijo del hombre se encuentran también dentro de ella. Esta confusión marca la ambientación divina de la cosecha, que ocurre, en un territorio ocupado por los seres celestiales. Cuando, en cambio, es evidente que todo ocurre en la tierra -tal como señala la storia- los ilustradores recurren a otros elementos para dar sentido sacro a la escena: la expresión de los rostros, la incorporación del altar entre los cosechadores, la vinculación entre cielo y tierra a través de una vid que conecta el templo con el lagar...El Beato BN14-1, es una excepción porque aunque no tiene franjas ni color de fondo, tiene bien delimitados los espacios pertenecientes al cielo y la tierra, determinados por la constitución de registros lineales bien marcados y una propuesta de lectura iconográfica de tipo textual.
algunas conclusiones
En estas 15 ilustraciones, muchas ellas estrechamente relacionadas entre sí, se da gran variedad de formas de vendimia, marcando diversos «modos de la representación» de la escena. Encontramos vendimias dramáticas, con énfasis en la sangre que emana del lagar, o en la «tribulación» del momento; vendimias realistas, que muestran los trabajos del campo con ciertos detalles; vendimias idealizadas, que quieren ser ajenas a lo mundano y otras que idealizan el trabajo del campo, estilizándolo; vendimias reducidas a un mínimo y vendimias muy desarrolladas, que ocupan tres cuartos del folio; vendimias donde prima la presencia de los ángeles y de Cristo, ejecutándola ellos mismos, supervisando o dirigiendo la labor, y vendimias que se desarrollan casi independientemente, e incluso opuestamente a lo que se muestra en el cielo.
¿Qué diversidad de ideas hay detrás de esta diversidad de interpretaciones de un solo texto bíblico? ¿Son las escenas más terrestres, más alejadas de la storia y de la explanatio que las más celestes? Podemos adelantar algunas hipótesis.
El Beato del Burgo de Osma es el que tiene más elementos celestiales, en él lo humano casi no tiene cabida. En vez de optar por seguir el relato bíblico de manera textual, se ha dispuesto todo para dar preeminencia a la vendimia, destacando el papel de Cristo en su ejecución. Muy parecida también es la intención del Beato del Escorial, ambos con la vid al medio de la composición, sin separación entre cielo y tierra, con un Cristo central que vigila la acción. Está muy presente la segunda venida de Cristo, la sacralidad de la escena y, especialmente en el caso de Escorial que muestra como algunos humanos miran el desarrollo de la vendimia, el impacto que todo esto produce en la tierra. La importancia que se da a la vid en sí en el Beato de Osma, llena de frutos, de hojas y zarcillos, nos permite ir un poco más allá y proponer la posibilidad de que estemos frente a una lectura más completa texto del apocalítico, que implica no sólo el castigo y el fin de los tiempos, sino el comienzo de la resurrección y de la vida eterna.
Aquí no me detendré en cada una de las ilustraciones y sus particularidades, sino en algunos casos «tipo» que sirven para definir ciertas tendencias. La simple observación nos lleva a ver que quien marca una de ellas es el Beato Morgan, cuya impronta se refleja en los Beatos de Valcavado, de Silos y de Fernando, y en algunos aspectos en el de San Millán y en el de las Huelgas, muy posteriores en el tiempo. Además su ilustrador, Magio, es reconocido como maestro por Emeterio (Beato de Girona) y Obeco (Beato de Valcavado).
Los vendimiadores de Magio, vestidos con ropas de labranza, tienen sin embargo nimbos, y mantienen expresiones graves y «enajenadas». La vid es muy desarrollada, llena de hojas y frutos, siguiendo en su forma a las vides clásicas de los mosaicos romanos. Con las ramas superiores toca el «templo que está en el cielo» y las inferiores son empujadas hacia adentro del lagar. De esta forma la vid cumple la labor de conexión del cielo con la tierra y participa de los tres momentos sustantivos de la storia. Es una vendimia terrena pero totalmente dirigida por el ángel del altar, que también está conectando cielo y tierra.
Entonces, hombres santos o ángeles ejecutando la vendimia, dirigidos por el ángel del altar con el poder del fuego en sus manos, relatando la explicación que da Beato acerca de la escena: el altar es la Iglesia, el fuego es el poder de la Iglesia. Ya no es Cristo quien dirige las cosechas, Cristo se acerca, caminando sobre la nube, pero es su representante en la tierra, la Iglesia, la que hace realidad la vendimia.
Este poder conferido por Magio al ángel del altar, no tiene seguidores. Solamente le sigue en esta fórmula el Beato de San Millán, recién dos siglos más tarde. Sin embargo la iconografía de la vendimia en San Millán se aleja en otros aspectos, no solamente de Magio, sino del conjunto de Beatos. La vid conecta todo también, pero de modo más extremo que en el Beato Morgan, al rodear toda la ilustración, ocupando el marco de ella. Es este poder simbólico de la vid, representada sin ninguna intención de realismo, junto al poder conferido al ángel del altar depués de una larga tradición iconográfica en los Beatos de no darle ese poder, lo que nos invita a pensar en un nuevo discurso en torno a la participación de la Iglesia en el juicio final, ya que la vid, no es otra cosa que la eucaristía para los cristianos, el camino de la salvación. Y como resultado, los caballos expulsando la sangre por las narices, echando, pareciera decirnos la miniatura, a los infieles fuera de la comunidad de los salvos, delimitada por la vid. Es uno de los pocos Beatos donde es tan explícita la ira de Dios.
¿Qué pasa con aquellas representaciones de vendimias más terrenas y más «amenas»? ¿Escapan al sentido escatológico general del texto? Este será el objeto de nuestro próximo artículo.
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comentarios: [3]
El terror más grande que tuve en mi vida fue como a los 8 años por culpa de un cura en una misa a la que fui a meterme sin permiso. Justo me tocó que hablara de que se iba a acabar el mundo y que los muertos iban a resucitar, yo claro que los únicos muertos vivientes que conocía eran los zombies y los vampiros que también me tenían prohibido ver. Después me enteré que estaba hablando del Apocalipsis, lo que no mejoró las cosas. Un día, alguien me enseñó en un poema, que los males se exorcizan nombrándolos y luego supe que eso era el mismísimo principio de la homeopatía y de la vacuna. ¿Cómo no creer en ello viendo la confluencia desde la literatura a la ciencia en el mismo saber? Aquí estoy entonces, dedicándome a esto, hasta purgar el mal...
18/4/09 18:02
Buena la idea, si hay una vacuna con la que te inyecten diablos debilitados y que te preparen para cuando llegue el "diablo grande", me pongo a la cola, como aquellos rusos que llegaron mordidos de rabia a ponerse a la cola del Dr. Pasteur. "En el pedir no hay engaño".
19/4/09 06:08
¿Te acuerdas? Yo lo vi en la tele también como a los 8 años (los rusos con rabia).
19/4/09 09:07
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