Las miniaturas de los Beatos ilustran fundamentalmente pasajes del Apocalipsis y en unos pocos casos, parte del Comentario que de de él hace San Beato de Liébana, el autor del libro del siglo VIII. El problema fundamental que nos planteamos quienes estudiamos las relaciones entre ilustraciones y textos, es establecer hasta qué punto estas son y pueden ser lo que su nombre señala: conversiones del texto a imágenes. En el caso de las ilustraciones de textos bíblicos durante la Edad Media, la pregunta es hasta qué punto esas imágenes buscaban ser una forma de lectura para los iletrados, como lo quería Gregorio Magno. Detrás de esta pregunta se esconde, lógicamente la consiguiente: si no son eso, entonces qué son, y allí es donde comenzamos a construir positivamente nuevo conocimiento.
¿texto para los iletrados-imagen para los letrados?
Evangeliario de Agustín
Resulta que las imágenes más narrativas de las que hemos hablado, más apegadas a la letra del texto, responden a una mentalidad arraigada en la cultura del libro; si eran ilustraciones para iletrados, lo eran para ellos insertos en una cultura que supone que el conocimiento “se lee”. Pero además, en el caso de las ilustraciones de libros, quienes tenían acceso a ellas, no eran justamente los iletrados, sino que su público estaba conformado por los pocos alfabetizados en la Europa occidental de la plena Edad Media. Esto establece una gran diferencia con las imágines esculpidas en las iglesias, aunque siguieran el mismo programa. De todos modos, tanto en la pintura y escultura monumental, que llegaban a un público más amplio, como en las miniaturas de libros, destinadas a un público más restringido, se daban las narraciones al modo de relato textual. El poder lo tenían quienes dominaban las letras.
por quiénes, cómo y cuándo se leían los beatos
Beato de la Tabara.
En el caso de los Beatos, sabemos en la actualidad que el público al cual se dirigían estos códices, era el de los monjes, algunas veces aquellos de los monasterios provistos de scriptoria donde los mismos se producían, y otras, de cenobios que mandaban a realizarlos fuera o contrataban escribas e iluminadores para llevar a cabo la obra. Esta lectura estaba reglamentada, siendo obligatoria en el refectorio durante determinada época del año, de acuerdo con el calendario litúrgico, quedando el libro expuesto allí. Pero también los mayores monasterios luchaban por hacerse de una buena biblioteca a la que accedían los monjes. En los códices que estudiamos, permanecen hasta hoy las señales de estas lecturas, ya que no es poco común encontrarse con rostros de demonios y figuras negativas raspadas, además de con glosas y otros agregados que los estudiosos les prodigaban.
libros germanizados-libros latinizados
Libro de Kells
Psalterio de Utrecht
Biblia de Ripoll
Últimamente he observado también, que más al sur y en un contexto más romanizado -como en los evangeliarios carolingios o en el Apocalipsis de Tréveris- la tendencia narrativa es mayor que en el norte, en los libros irlandeses, por ejemplo -de Kells o de Durrow, por nombrar los más conocidos- Y en los Beatos encontramos las dos cosas: Beatos más sintéticos -¿nos arriesgaremos a decir, al modo germano?- y Beatos más narrativos, como hemos contado en capítulos anteriores. De allí surgen las ganas de saber a qué tradiciones diversas responden ambas vertientes. En términos bien gruesos -cortados con hacha-, la convergencia de la cultura de la imagen en sí, abstracta y sintética, con la cultura de la palabra escrita, que necesita de tiempo y de espacio para ser desarrollada.
El Apocalipsis y la imagen
cordero y cuatro vivientes
Agreguemos un último elemento a este complejo panorama de la forma de la construcción de las imágenes en los Beatos: el Apocalipsis es en sí, un libro de imágenes, sus relatos no son relatos de seguimiento lineal, sus referentes están fuera de todo discurso, muchas veces son conformación de “efectos especiales”. De modo que es lógica la tensión de los ilustradores entre seguir la traducción del sentido de la imagen relatada -justamente la tendencia vista en los Apocalipsis carolingios-, mucho más fácilmente construible en discurso narrativo a través de la imagen -con la contradicción que ello implica-, y seguir la imagen en sí, ya de modo más discursivo, ya de modo más sintético, como en el caso de los Beatos.
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comentarios: [2]
Soy una forofa de los beatos y de la cartografía medieval, ha sido una agradable sorpresa encontrar tu precioso blog, interesante y cautivador.
Un saludo y muy buen año
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8/1/10 10:03
Me gustó mucho el tema y la redacción, saludos.
10/1/10 14:45
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