kotaix "designio" | grafik & new media


Saludos estivales || Medien, Kultur, persönliche, willkürliche Erinnerungen, Politik, Humor, kodierte Botschaften für verschiedene Phantomen der Gegenwart, aus anderen Epochen, sogar aus anderen Welten und noch schlimmer, aus anderen Wahrnehmungswelten ... !? Und dazu noch, mal auf Deutsch, mal auf Englisch, auch auf Spanisch!?

 

Man kann aber auch direkt zum Menüpunkt "work" gehen.

|

8.1.08

Sueños con alas II (sin alas)

<< sueño con alas I

II

Ahora estaba adormilado en un living-comedor iluminado con tardías luces de navidad, pidiendo al aire, triste, sordo modo, la vuelta de mi yo rapaz, alado, noctívago, poderoso. Dicen que se puede ir a esa cuesta donde bajan los sueños; si uno se concentra antes de dormir en algunos de sus colores y guaripolas, puede conjurar la visita de alguno de esos caleidoscopios.
Y yo ésa noche lo hice: Ojos cerrados, humedad iridiscente en la comisura derecha de la boca, el cristal de la legaña tornasolado también por el florero de pascua.

Lo que tuve fue una ensoñación sin alas.

Estábamos en una fiesta extraña; una vez más, no conocíamos a nadie. Habían mesas y banquillos altos pintados de negro, como en un bar, desde ahí se podían mirar las diversas escenas comunes a una fiesta que todavía no acaba de empezar. Una persona se sentó entre nosotros, para cambiarse enseguida pidiendo disculpas.

Después de eso, la escena tenía lugar en las calles de un pueblo, también de fiesta, pero en este pueblo la fiesta tampoco acababa de empezar.
En alguna vuelta de esas calles se podía ver que empezaba el campo, se podía ver el lecho seco pero barroso de un riachuelo, y a la ribera, establos de animales, que asomaban las cabezas por los ventanucos de las construcciones de madera carcomida y obscura. Pero mirando bien, yacían algunos animales sobre el lecho barroso del riachuelo, y si uno se fijaba más, sus cuerpos estaban en lento pero permanente movimiento, revolcándose sin poder dar una vuelta completa sobre sí mismos, como en cámara lenta. Y yo observaba en especial a un ternero medio muerto, que se revolvía casi imperceptiblemente sobre el barrial. El pelaje era oscuro y dejaba ver todavía el color de la piel debajo de los pelos, como en los perritos recién nacidos. Y me dí cuenta que los animales estaban sufriendo dolores de agonía. La techumbre del establo estaba, una vez queriendo ver, derrumbada sobre ése pobre ganado. La expresión de las bestias asomadas por los huecos de los restos del establo era la de aquellos búfalos, que corren con el depredador ya colgado a la garganta, una silenciosa expresión de terror y de desconsuelo; en cierta forma la expresión de aquellos atrapados en un estadio de fútbol en Bélgica en los años 80. No obstante, en el pueblo seguía ése ambiente como de fiesta a medio comenzar en las calles, niños chicos parcialmente endomingados, parejas casi jóvenes medio de la mano, vendedores ambulantes, algo así como un diecisiete de septiembre. Sol, pero también barro, una chomba amarilla. Todo este paseo, todo ése ir y venir, los gritos aislados, eran absolutamente indiferentes a la miseria de los animales aplastados a la vuelta de la esquina.

Entonces yo salí a buscar a la policía, dando vueltas por varias calles, sin encontrar nada que pudiera significar alguna ayuda. Por entonces, el pueblo éste se volvió algo así como La Calera, este pueblito triste entre Valparaíso y Santiago, una parada en la temporada de invierno en La Calera, con sus calles polvorientas y embarradas a la vez, con la locomoción colectiva local derrengada y de todos colores desteñidos, y con esa gente morena y curtida por un sol de hace varios años, hombres que parecen pescadores, pero sin bote, sentados en una berma marcando cartillas de la Polla Gol.

Después me vi tomando una micro, yendo hacia algún otro pueblo en busca de ayuda, a bordo de una liebre verde y vieja viendo pasar con creciente intranquilidad calles y localidades iluminados por ése mismo sol cucarro del final del invierno en el litoral central. Y quise hablarle al chofer para que me dejara bajar, pero al hablarle me dí cuenta que él estaba, quizá cien, cientocincuenta metros más allá, adelante, bajando una cuesta a toda velocidad, en patines. Y yo ya no estaba en la liebre, sino bajando descontroladamente también entregado a los patines, infinitamente aterrorizado, la misma cuesta. Nunca he andado en patines, como se sabe.

De improviso estaba en este otro pueblo un poco más mundano, que se puede permitir imaginar parecido a un Quillota al caer la tarde. Había gente en la calle, sin embargo, a estas alturas, mi único interés era pasar a través de todo eso y volver al punto de partida, aún sin saber cómo.
Había un paradero de micros; una vez más, esas benditas liebres verde-verde nilo, paraban allí con distintos destinos, y yo me decidí a a estar vivo el ojo para pillar algo que me pudiera llevar de vuelta. De repente alguien hizo parar una de éstas liebres y preguntó si llegaba al 95. Un gallo con pinta de obrero, de esos que se mojan el pelo y se peinan antes de salir a tomar micro después de la faena. Cuando el chofer le dijo que sí, me acordé de que yo había partido en el 97. Me subí, pero enseguida quise bajar porque me dio por no saber si yendo con el obrero al 95 iba a llegar necesariamente al 97. Y me bajé.

Me quedé un rato dando vueltas en una plaza. Había un par de puestos de artesanía y varios grupos de jóvenes, los que querría describir como versiones litorales de grunge o dobles "the cure". Me decidí a preguntarle a uno de estos individuos. Polera color mostaza, cara de luna y collar de artesanías, maquillado y depilado, una versión andrógina del desaparecido Gato Alquinta, pero de pelo corto. Le metí un rato conversación, le dije que andaba medio perdido, como que no quiere la cosa, le mencioné la escena del establo. La reacción fue afable y hasta de confianza. Pero en un momento determinado recitó un acertijo que lamentablemente no puedo ya llamar a la memoria. Sin solución de continuidad, sacó un papel de debajo de la lengua. En ése instante sin embargo, ya era un genio gordo como sacado de una película de las mil y una noches, negro no de raza, sino de color. Este color de piel hizo parecer encías y lengua todavía más rosadas en el momento en que sacó el papelito de debajo de la lengua. Todavía húmedo lo extendió sobre la palma de la mano, y pude reconocer tu letra, que era de hecho la letra de otra persona, pero para el caso de este sueño era tu inconfundible letra.

En el instante de esta revelación, aparecieron cámaras y siguieron flashes y los emocionados rostros de familiares, de forma similar a uno de éstos "realitys" dónde todos terminan abrazados. Y yo ahí tembleque, con la frase siguiente en el pensamiento: “nunca pensé que esto todavía pudiera ser cierto”.

La revelación de este papelito era, que siempre me quisiste y me quieres como yo hubiera querido que me quisieras ...

Ahí me dije, "paren, paren". Me quise despertar. Esta vez el comando central no puso objeciones; con ésa actitud entre impaciencia y semi-humillación de un chofer que tiene que parar y dejar bajar a alguien que de improviso se ha dado cuenta que va equivocado, que tira del cordel del timbre, que golpea el techo de lata, que no quiere seguir el destino de su micro. Entonces, el comando central me dejó hacer, me dejó bajar, es decir, despertar.

Yo había pedido un sueño de halcón y me había hecho subir a un transporte al matadero.

<< sueño con alas I

Labels: , , , ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

7.1.08

Sueños con alas I

sueño con alas II (sin alas) >>

I

Tenía todavía unos restos que comer, era poco, pero con un añadido de ése bulgur, que se prepara en cinco minutos, decidí que tenía para una porción decente. Era cerca de las diez y media de la noche. Terminé de comer la irrepetible mezcla de restos de soltero como a las once; repollos de Bruselas cocidos, pimentón en su jugo y una cucharada de arroz fortificada con el bulgur. También una ensalada de repollo por si acaso. Comí viendo televisión sin volumen como tantas veces, a oscuras para dejar lucir la imitación de árbol de pascua: una tira de luces de colores enrollada dentro de un florero tubular transparente.

Después de comer me fui quedando dormido sobre el sofá, y en una de ésas transiciones entre despierto y dormido; se me vino a la cabeza el sueño que tuve hace poco, ése sueño que he contado con tanto entusiasmo desde entonces: Mi fastuoso vuelo sobre el Gran Cañón del Colorado, o algo así.

canyonYa había tenido sueños aéreos antes, pero se habían reducido a una especie de vértigo, algo entre flotar y caer. Este sueño fue distinto, este fue mi primer vuelo, nunca antes había atravesado raudo los aires de algún cielo onírico. Me acuerdo de haberme dado cuenta que estaba a varios centenares de metros del suelo, planeando a gusto sobre un paisaje montañoso, sin miedo y con la naturalidad de una persona que vuela, que va volando. Y de pronto se abre en el paisaje debajo, sin aviso, vertiginosa, la cavidad planetaria de un gran cañón rocoso, y junto con la sorpresiva sensación de mayor profundidad, la sensación de desprotección en pleno vuelo, de caída al vacío. Pero eso sólo fue un instante: En alguna parte del cerebro la sorpresa pareció telegrafiar que había que despertar del sueño; el comando central sin embargo prefirió ignorar esta recomendación, y persistió en la ensoñación, como diciendo, "falta lo mejor", y así me dejó pensar, “se trata de un sueño – hay que aprovechar”.

Entonces no desperté, si no más bien me pareció escuchar con entonaciones bíblicas, la frase: “Si hay que volar, volemos”. En vez de seguir planeando como vulgar gaviota, aburrida del manejo suficiente del fluido aéreo, vestí plumas distintas, las de un halcón peregrino, por decir lo menos, y sobrevolé navegando hasta la mitad del cañón, para después dejarme caer, en picada, las alas pegadas al bólido cuerpo, hacia las profundidades, acelerando, acelerando, dejando para el último instante la calculada maniobra de rendir un curva magnífica sobre el fondo del cañón ganando altura nuevamente, con alegre precisión. Una vez arriba, en abierto exhibicionismo aerodinámico maniobré para quedarme quieto en un cielo transparente. Bello cerebro, bello. Dos o tres oportunidades tuve de bajar a coger en el fondo de ése cañón las pequeña, espléndidas endorfinas.

sueño con alas II (sin alas) >>

Labels: , ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

4.3.07

Un cheque a fecha III

I | II | III |

III

Un buen día sacando apenas fuerzas de las neuronas
-entes poderosos, aún cuando de aspecto raquítico-
en el convencimiento de estar sufriendo un transtorno,
comencé a ejercitarme para dejar mi mente en blanco
y me sometí a la Hipnosis.

También, bajo adecuada supervisión
me sometí a la inoculación
de poderoso psicofármacos
con el objeto deliberado de debatir con el inconsciente
la médula de un agobio que carecía de sentido práctico
y que podría resultar
llevando a mal término
a un talento no mezquino.

Después de meses de paciente terapia
amenizada con ejercicios de yoga, danza tai
alimentación exclusivamente macrobiótica y charlas ecológicas,
Llegué a tener la sensación de poder
“arreglármelas conmigo mismo”.

Al final la estación de mi sintonía favorita
parecía ser en realidad
una especie de jazz de los años 50,
las artesanías de diferentes países.

Ahí llamé a mi anterior lesera
"superficie de infelicidad presunta".
Y en arreglo con lo anterior, sin aspirar a mucho más
que al reflejo del sol de la tarde sobre muebles barnizados,
adquirí la costumbre del té tranquilo
y de ver alqunos programas de televisión,
y me sentí agradecido de la benignidad de muchas personas
que habían sido víctimas de mi mal modo.

Pero ¡Alto!

Como no estaba todavía tan tonto,
no fue así no más que me quedé tan tranquilo:
No queriendo pecar de ingenuo,
y conservando todas las numerosas dudas
- que son las que han permitido el progreso humano -,
estando bueno y sano,
decidí un día caluroso en la micro "Expreso Colón Oriente",
pedir el concurso del diablo.

cheque a fecha

El gil,
llegó tardón, como a las tres y media de la mañana,
igual nos tomamos juntos, casi 3/4 garrafa de vino
y dos-tres piscolas.

Entre talla y talla me dijo
que yo era un hombre joven
y que por mis capacidades
y por el tren de mis estudios superiores
estaba siendo considerado por las mujeres
"un cheque a fecha".

<< Volver | © Ricardo Castillo Sandoval

Labels: ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

28.2.07

Un cheque a fecha II

I | II | III |

II

Esta debilidad mental
me obligaba a asumir conductas bien contradictorias:
Sin saber cómo ni cuándo
me hacía partícipe en acciones de claro riesgo:
Andaba a veces
perseguido por viejos maldadosos particulares
otras veces
por el colectivo de sectas más que misteriosas;
balas y balines
silbaron su canción de muerte al pasar pegadas a mi oreja;
casi todos los días alguien, o algo,
se ofrecía a pegarme.

Llegué a tomar conocimiento de la eventual existencia
de extrañas enfermedades conceptuales,
(el mal de las flores blancas mentales que aqueja a algunas minas,
el síndrome del chancro duro del alma, en tanto joven chileno).
Por andar sin un veinte, investigando en estos campos peligrosos
una vieja bruja gitana me condenó a quedar tullido del que te dije.

De ahí supe lo que es girar sin fondos,
figurativamente, si bien es cierto, pero hablando de cosas puntuales
llegué a extremos de desidia, a adelantarle una plata
a una galla medio mafiosa
que prometía meterme en una barca
y en quince días sacarme en Chile Chico (!).
Menos mal
que la oportuna intervención de mi mejor ex - amigo,
de nombre Gualter,
me salvó del desastre que la chalupa sufrió
sobre el océano nueve días mas tarde
cuando se precipitó sobre ella, una aeronave en llamas.

Todo este irritante trapecismo no era sin embargo
sino algo muy irregular:
A veces hacía planes francamente heroicos,
decidía abruptamente por ej. mandarme cambiar con lo puesto-,
y más adelante todo era revisado y recompuesto
ante el temor de adelgazar demasiado,
o arruinar para siempre alguna prenda de vestir.

En el terreno político
yo anhelaba profundos cambios:
y acorde con mi conducta desconcertante
mezcla cruel de indecisión y desatino,
durante la plena vigencia
de la restricción del tránsito peatonal y vehicular
decretada por la Jefatura de Zona en Estado de Emergencia,
me encontraba vagando por allá por Dorsal,
- donde a juicio de muchos conocidos picaba,
y pica hasta el día de hoy, "la jaiba" -,
caminando de vuelta a la casa como un conspirador
siendo que venía de ver en casa ajena
una película de vampiros en el canal 7.

Sigue >> | © Ricardo Castillo Sandoval

Labels: ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

23.2.07

Un cheque a fecha I

I | II | III |

I

Recuerdo que entonces una especie de reacción fundamentalista
ante las dudas comunes de una joven existencia
me estaba resultando en una actitud caracterizada
por el remordimiento de estar, dicho a “grosso modo”,
sólo dejándome llevar por la mera tentación de vivir,
un impulso tan magro, del cual ni las plantas carecen.

Andaba con este remordimiento como quien anda mostrando
la hilacha de un chaleco rojo
mojada
sangre colgando ineficaz para despertarme realmente:
Todos los días
transpiraba viajando en la locomoción colectiva
en jornadas agotadoras
desde una punta a otra de la gran capital
como quien carga consigo una bomba
habiéndose no obstante
liberado ya de la ansiedad
de adivinar cuando se va a producir el estallido.

Sentía mi pelo pajoso
en las puntas
pero en el casco grasoso,
y mi cuerpo acusaba falta de baño
ya pocas horas después de la ducha
en una forma tan elocuente
que yo sabía, no podía ser otra cosa, más que
- en la nomenclatura de un amigo del colegio -
una bizarra somatización de angustias.

En momentos de lucidez parcial hacia exámenes
que me parecían exhaustivos
de las condiciones generales de mi existencia,
sin lograr nunca sin embargo encontrar la correspondencia
exacta
entre la languidez de mi ánimo y algún hecho discernible.

Sigue >> | © Ricardo Castillo Sandoval

Labels: ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

22.2.07

El amor de los curados II

II

En una madrugada de los primeros días del mes de julio
plomos vientos me soplaron las solapas,
porque en una de esas salí perdiendo.

Yo tendría que haber supuesto
que por ahí me tenían sangre en el ojo,
pero el copete solivianta y en una de esas
unos giles me pusieron de vuelta y media.

Desperté con la ropa llena de manchas de cal y de barro
a medio morir saltando
en San Pablo con Almirante Barroso
con veinticuatro pesos en el bolsillo.

La micro costaba veinte pesos y como me sobraban cuatro
le dije a un cabro que vendia sustancias a diez por diez pesos
si acaso eran a diez por diez pesos
entonces „era a peso la sustancia“.

„Sí, pero no se vende de a unidad“, dijo el tontón
y se bajó sobre la misma con admirable destreza.

Con un palmo de narices,
y bajo el convencimiento de que se me estaba negando
la sal y el agua,
decidí,un poco antes de quedarme dormido
(tanto por efecto de les golpes
como por el abatimiento moral),
dejar crecer mi pelo nuevamente
distanciar mi trato con el conde de Gillette
darle una nueva oportunidad al amor de los perritos chicos
seguir la moda del amor de los curados
no abandonar el uso de la goma de borrar
y no adorar clandestinamente las armas de fuego
para adorar sí a alguna mujer
de aquellas que tienen ánimo de escuchar
algunas estupideces muy cerca de la oreja.


"y se bajó sobre la misma con admirable destreza".
Santiago, 1982

atrás >> © Ricardo Castillo Sandoval

Labels: ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

19.2.07

El amor de los curados I

el amor de los curados Agustinas abajo, 1982

El amor de los curados

I

Yo que conocí el amor de los curados
y que llegué a aburrirme de un pebre de lipiria
en los restoranes macilentos de la calle Ricardo Cumming
o Agustinas abajo,
y que creía venir de vuelta desde una adoración torpe
a la vida bohemia en bares céntricos
y a la conversación con espirituales,
me sumergí
- en el convencimiento de haber experimentado
aquella banalidad prestigiada -,
en una tibieza amarilla,
en un submundo personal de aprecio a placeres domésticos
mezclado raramente con un cuasi culto a la salud
en su calidad de divinidad imperfecta pero perfectible.

El rigor de mi introspección
–garantía de cierto género de evolución-,
se tradujo en un orgullo mal disimulado
en expresiones de humildad
y me fue alejando de a poco
del entonces tan popular imperativo de originalidad.

Todo este movimiento se tradujo también
en ciertas maneras intransigentes,
que se manifestaban con violencia apenas contenida,
en un sarcasmo lacerante,
dirigido de manera especial,
en contra de compinches recalcitrantes
en ciertos aspectos exteriores
de un culto a una intelectualidad pasada por el cedazo
del alcohol etílico y de determinada manera de vestir.

De este modo, sin privarme de los vapores excelentes
de lo que absurdamente denominé "un alcoholismo moderado",
y sin sustraerme por completo de cierto apego subyacente
a determinadas actitudes superficiales,
comencé paulatinamente a verme más ordenado.

Cuando salieron las parkas, desafiante,
abusé del uso de tal prenda
y con aspecto realmente fiel
de guardia de seguridad en día franco
me burlaba de sucios e incómodos chaquetones de oso
tejidos con lana de Chiloé.

Naturalmente, no todo pudo ser miel sobre hojuelas
en esta renuncia inusitada a una secta que juzgaba decadente
y mi impopularidad comenzó a aumentar tanto
cuanto que mejoraba mi aspecto juvenil y belicoso.

Irrecusablemente en este tren de acontecimientos
el vino tinto con frutillas
no pocas vaces tocó con el lado negro de su vara
los corazones puros de algunos de estos sectarios
y ahí no pocas veces también,
ofrecieron pegarme;
uno que otro pontífice
me dictó encolerizado su charla ecológica
o muy a la mala buscaron humillarme
escupiendo mi cabeza desde balcones
o tirando chorritos de meado en mi pílsener.

Estas actitudes irritantes y poco consecuentes
lograba aplacarlas en la mayoría de los casos
(en vistas de la clara inferioridad numérica de mi facción),
con alguna concesión menor en el plano político
-plano en el cual distinguían muy pocos matices-,
interpretando el tango „Cambalache“
o falseando melódicamente algunas de mis concepciones
acerca del amor, de la muerte o de las mujeres.

No he de negar que en otras ocasiones
dueño de una mejor disposición de ánimo
y de una mas importante concentración de borgoña en la sangre
no cabía la mínima transacción,
y mientras me sujetaban los brazos
gustaba de gritar febril pero calculadamente
algunos arquetipos de reacción
con el objetivo preciso de llevar al paroxismo
la alteración en los espíritus de aquellos narcisos bacantes;
les gritaba entre otras cosas peores:

Pelucones flojos
Barbones hediondos
Antipatriotas
Enemigos de Chile
Cantautores
Judíos Indios cooperativistas
Maricones, jipis, ateos;
Poetas a medio maldecir,
Putas, les gritaba a las minas.

sigue >> © Ricardo Castillo Sandoval

Labels: ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

25.12.06

De la serie "Historias de navidad": El atentado a Pinochet

atentado a pino8
asevera médico cardiólogo

EL ATENTADO A PINOCHET SÍ FUE UN ÉXITO

El atentado al general Pinochet hace 20 años no habría sido un completo fracaso, es el convencimiento del médico cardiólogo del Hospital del Salvador Dr. Gustavo Van Freund

El médico cardiólogo y experto internacional en cardiología forense Dr. Gustavo Van Freund, asegura que el atentado a Pinochet ocurrido el 7 de septiembre de 1986 fue un éxito y sí terminó con la vida del dictador, “sólo que, 20 años después”.

“En estudios realizados en los últimos años ha sido posible establecer una relación probable entre lesiones isquémicas del corazón y situaciones de tensión agudas” sostiene el patólogo.

“Como el sentido común popular bien lo reconoce, en situaciones agudas de miedo por ejemplo, se ‘nos hiela el corazón’ ”. Esto no sería sólo una sensación, sino que de hecho en este momento es cuando se estaría ya produciendo la descompensación de la actividad coronaria que ocasionaría en mayor o menor medida “las lesiones isquémicas del músculo cardíaco, que pueden conducir al infarto fatal”, sostiene el científico.

“La limosina acorazada del general -continúa el facultativo- pudo detener los proyectiles del Frente Patriótico, no así evitar que se encendiera una bomba de tiempo, la que estalló finalmente el 10 del presente en el pecho del tirano.”

La autopsia del tejido coronario es un instrumento esencial que ayuda a establecer la antigüedad de una lesión. “En forma análoga a la investigación de sustratos geológicos en otras ciencias, como la geología o la paleoecología - precisa el Dr. Van Freund -, nos es posible determinar el origen de una lesión en el tiempo: El nudo necrótico en el corazón, que terminó con la vida de Augusto Pinochet era una lesión de 20 años.”

“Rodrigo”, uno de los participantes en el mítico atentado, sostuvo en entrevista telefónica, que era una satisfacción muy grande escuchar una interpretación científica de esta índole y que “en el fondo siempre supe, que todas esas balas no rebotaron en vano en el blindado alemán del general ... El estruendo fue bárbaro - un canto infernal del fierro y del humo -. Es de esperar que si el susto mata, la derecha fascista lleve desde ése día su lesión isquémica en el pecho. Es lindo pensar que a lo mejor con el puro ruido acabamos con el fascismo chileno y uno a uno van a ir cayendo con un infarto”. “Un triunfo moral del Frente”, concluye, no sin humor, el ex-guerrillero.

Labels: , , , , , , , , , ,


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up

 

27.10.06

vieja cassette TDK del arrabal


Wikipedia muestra hoy una cassette que es mía (y de tantos) la mía tenía Bob Dylan y tangos mal grabados, y a lo mejor todavía la tengo. Habrá llegado ya el día en que en San Diego se vendan antigüedades informáticas, como lo ví en un delirio de los años 80? 100 "floppys" por mil.

Labels:


|+|-|

0 Comments:

Post a Comment

<< Home | Up